27 de septiembre de 2017

Estamos a cuatro días del 1-O (“el día de la explosión nuclear”, bromeaba un amigo hace poco). La movilización social surgida al calor de las detenciones del pasado miércoles ha ido languideciendo, afortunadamente. Y digo afortunadamente porque el ambiente de tensión social que se vivió durante esos días en Barcelona fue muy desagradable. Sin duda fueron los días de más enfrentamiento que he vivido. Amigos del extranjero me escribían preocupados por los “disturbios” que asolaban Barcelona. Incluso mi madre, a quien no le interesa mucho política, me envió algunos whatsapps preocupada por la situación.

Hoy, los balcones continúan engalanados con más esteladas que de costumbre (muchas de ellas recién compradas). Pero las caceroladas (que el miércoles fueron ensordecedoras en mi barrio) ya son casi inaudibles. Me alegro que el 1-O se aproxime en un ambiente de relativa calma. Sinceramente, creí que a día de hoy la calle estaría mucho peor.

Que la enorme movilización de hace una semana haya perdido presión tan rápidamente me da esperanza. También me da esperanza que la organización de referéndum esté recurriendo a subterfugios cada vez más inverosímiles: hoy he leído en El Mundo que la policía sospecha que las urnas están siendo distribuidas en camiones de una empresa de congelados1 (no sé si será verdad, pero el independentismo siempre ha sido muy imaginativo). También he leído que las notificaciones a los miembros de las mesas electorales se han hecho de forma casi clandestina, carta en mano y sin ningún tipo de certificado ni justificante. Todo eso me da esperanza. ¿Esperanza de qué? Pues de que, superado el cénit del 1-O, pueda llegar algún tipo de calma más o menos estable que facilite la desactivación de la espoleta atómica. Que unos reconozcan que su referéndum no tiene ningún tipo de validez más allá de la expresión de protesta y que los otros dejen de ignorar el crecimiento del sentimiento independentista como si no fuera su problema.

Lo único que me da miedo es que Puigdemont decida ponerse en plan Kin Jong-Un y nos sorprenda declarando la independencia a la brava, quizá el 6 de octubre para emular a Companys. Ahí ya entraríamos en una situación muy peligrosa que espero que nadie esté sopesando provocar.

1 http://www.elmundo.es/cataluna/2017/09/27/59caa9cb468aeb18248b465a.html

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