1 de octubre de 2017

No sabía muy bien cómo empezar esta entrada. He escrito diversos inicios, unos de tristeza, otros de preocupación, o de rabia, o de hartazgo por todo lo que ha ocurrido en los días que han desembocado en este tremendo 1-O. Pero a estas horas muchos articulistas ya han expresado sentimientos similares y mucho mejor de lo que lo podría hacer yo.

Así que empezaré con un mensaje de sorpresa. De sorpresa indignada, en este caso: ¿cómo puede el gobierno de Rajoy haberlo hecho tan mal? ¿Cómo puede haber gestionado tan mal no sólo esta jornada, sino todas las que han llevado a la de hoy? No consigo entender qué esperaba el ministro Zoido ordenando la vergonzosa carga policial de esta mañana contra unas docenas de colegios electorales repartidos por la geografía catalana. ¿Asustar a los votantes? ¿Pretender que, en el último minuto, el Estado estaba reaccionando? Lo único que ha conseguido son escenas de represión que han hundido su imagen, que han sido portada en toda Europa y que han proporcionado una valiosísima munición al imaginario independentista. Más allá de los problemas de funcionamiento del referéndum, las imágenes de los votantes heridos (465 según el Govern) será lo que quedará de este 1-O, en el que el independentismo ha sido el vencedor moral absoluto.

Durante mucho tiempo se ha dicho que el PP es el mejor aliado del independentismo en Cataluña y es totalmente cierto. Estoy seguro de que con un gobierno de otro color jamás habríamos llegado a un 1-O (o, al menos, a uno como el de hoy). Por eso me pregunto una y otra vez: ¿realmente el gobierno de España está tan mal asesorado como parece? ¿Es que lo que se cuece en Cataluña no llega hasta Madrid? Mientras en independentismo crecía y acumulaba fuerzas sin parar, el señor Rajoy parecía estar mirando las musarañas, desentendiéndose del problema hasta un extremo tan alarmante que yo mismo llegué a pensar si, en realidad, no habría algún plan secreto, alguna estrategia que explicara tanta aparente inacción. Me equivocaba: no había ningún plan secreto, no había ningún plan. Devoto de la divina providencia, Rajoy simplemente confió en que el problema se solucionase mágicamente, por sí solo.

Desde luego, tengo que felicitar al independentismo por su habilidad y su tesón. Ayer dije que la noche de hoy estaría marcada por el triunfalismo (no era difícil de prever) pero, más allá de las cifras, tengo la sensación de que Puigdemont ha ganado el pulso político a Rajoy. Y me da miedo que, por muy discutibles que sean los números que nos venda esta noche, se sienta ya invencible y se plantee declarar la famosa independencia unilateral: el botón nuclear del independentismo.

Recuerdo que hace tan sólo unos meses Rajoy declaró en una entrevista que el procés no le preocupaba “ni dos horas a la semana”. Bueno, me parece que ahora le debe de estar preocupando un poco más.

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